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Aljibes

Aljibes

El Ayuntamiento ha decidido recuperar, peligroso verbo en mano de obra municipal, los aljibes granadinos, la mayoría de ellos situados en el Albayzín y convertidos hace medio siglo en tumbas para el olvido por mor de la mal llamada agua potable con cloro. Después, para confirmarlos como sepulturas, les pusieron lápidas con nombre de pila, nunca mejor traído, y fecha de nacimiento. Ahí quedaron, desamparados por falta de liquidez.

Como ahora se ha puesto de moda desenterrar despojos de las víctimas del rencor, el Consistorio acomete la exhumación de las cisternas y piensa invertir en la tarea unos dos millones y medio de pesetas (en euros la cantidad resulta irrisoria).

Mediante la restauración, este polisílabo acojona mucho más que el Tío Sam con sarna perruna, se pretende recobrar un menester para el que no fueron construidos, el de suministro del agua sin anestésico a los vecinos, sino el de atractivo turístico, y que las manadas de forasteros realicen la Ruta del Agua con los bofes a la rastra, sin dejar de mentarle los muertos al edil de Urbanismo.

Hombre, si con tal motivo rescatan los aljibes de la incuria donde se hallan sumidos y le devuelven la categoría como monumentos, pues son construcciones de índole histórica y, por lo tanto, de valor principal, bendito sea Menesicles, inventor de los hidrofilacios caseros allá por el siglo V a.C.

Basta un ejemplo para considerar su importancia arqueológica: el aljibe de San Cristóbal o Colorado, por buen nombre de la mezquita al-Xarea, se obró en el siglo XII cuando el Patio de los Leones fue alzado dos siglos después. El último de ellos, el del Zenete, o de las Cuevas, labrado por albañiles moriscos, es contemporáneo del Palacio de Carlos V.

Antes de la conquista, había más de cincuenta aljibes sólo en el Albayzín, de los cuales apenas quedan la mitad. Servidor ha visto desaparecer algunos, todavía en pleno funcionamiento, como los de la Alacaba y de María de la Miel, o sellados a cal y canto como el de la Vieja.

En la Guía Secreta de Granada , anciano libro de veinticinco años, decía yo: «Los aljibes públicos han estado al servicio de los vecinos hasta hace dos décadas y proporcionaban agua gratis a todo el barrio, la cual procedía de las acequias de Alfacar y de Haxariz.

Encauzadas luego por el Ayuntamiento, esta administración y sus sanitarios clausuraron los buenos servicios de dichas cisternas, medida excelente, más en estos días de polémica por lo de la contaminación. No nos parece bien, sin embargo, que se arrumben y se pierdan unas significativas obras árabes, testimonio de la maestría de los musulmanes españoles».

Y muchos desaparecieron o se malograron. Fue lastimosa su anulación, como la de numerosísimos aljibes particulares sacrificados al mismo tiempo. Recuerdo los que hubo en casas de mis abuelos. Eran el oráculo familiar con respuestas íntimas y ofertas refrescantes. Esperemos que esa ridícula cantidad de euros, librada por el Consistorio, sirva al menos para recordar que aún quedan aljibes de cuerpo presente en Granada.

FRANCISCO IZQUIERDO

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