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Óleo de Maripi Morales
Óleo de Maripi Morales

José Vicente Pascual

A don Francisco Izquierdo le tengo demasiado respeto como para hablar bien de él. Ya se sabe que, tanto en Granada como en el extranjero, cuando muchos se ponen de acuerdo para hablar bien de alguien las consecuencias pueden ser devastadoras.

Si alguien habla bien de alguien o algo quiere o le está preparando una putada. Granada y yo somos así, señoras. Mejor callar o, en todo caso, hablar un poquitín malamente de la persona en cuestión, lo justo, sin pasarse y sin mala idea; es mejor y más reconfortante para el homenajeado recibir un par de afrentas, cuanto más erráticas mejor, que siete mil alabanzas.

De modo que estas líneas tienen por objeto hablar mal, en sus justos términos, del escritor, pintor, editor y sobre todo hombre de bien, Francisco Izquierdo.

Un algo de malafollá tiene el hombre. Nadie que lo conozca lo negaría y si alguno lo negase él mucho se enfadaría.

La atinada y fecunda y desopilante malafollá con que están escritas sus columnas periodísticas sobre la inseguridad ciudadana en el Albaycín y sus cotidianas relaciones con los ladrones que de vez en cuando le expolian el hogar, son ya escuela literaria para articulistas consagrados o aprendices y para quien quiera iniciarse en el gran arte de la antedicha malafollá.

Y encima ha tenido el caballero la malafollá de no contarle a nadie, nunca, todo lo que le debo: el título de una novela y la anécdota que resume el espíritu de la misma, cuando de su pluma reflora la historia de aquel criminal que antes de ser ajusticiado en el Triunfo, preguntado si tenía algo que decir previo a la actuación del verdugo, respondió: «Yo, lo único que tengo que ‘hisí’ es que esta ‘sentensia’ me causa ‘muncha estorsión’».

La novela se titula ‘El pescador de pájaros’, y el malo malísimo de la misma, en legítima venganza que creo me corresponde, se llama Claudio Izquierdo.

Izquierdo por Izquierdo, y Claudio porque siempre me ha parecido que don Francisco también podía haberse llamado Claudio, con su perfil romano y su porte de emisario hispanociterior en las dársenas de Ostia.

Total, que Claudio Izquierdo es el pescador de pájaros descubierto por Washington Irving en el prólogo de los ‘Cuentos de la Alhambra’, cuando argumenta la ‘recalcitrante indolencia de los granadinos’, capaces de inventar el oficio de pescar pájaros desde la torre de la Vela antes que comprometerse en empresas más útiles y sensatas.

Todo eso le debo a Francisco Izquierdo, y como él no dice nada ni reclama la deuda, yo aquí la admito y la reconozco y me declaro por tanto confeso en la misma.

Fíjense hasta qué extremos de humillación me ha llevado la malafollá de este hombre. Ya pueden los alguaciles de la literatura emprender la fase ejecutiva del pleito, con requerimientos, remociones de bienes y lo que haga falta.

Espero que estos azares no me causen ‘muncha estorsión’. Porque tiene su poca de malafollá todo este asunto…

(Del libro homenaje a Francisco Izquierdo preparado por el Contubernio Editorial . Lleva gloria, maestro).

Publicado en IDEAL (Puerta Real, 10/09/2004)

Ilustración: “El pescador de la Alhambra”. Óleo. Maripi Morales.

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