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Construyendo paisaje

En una visita a París, reventados de andorrear por el Barrio Latino, decidimos dar de pie a la curiosidad, sentarnos a tomar un café en cualquier terraza y, a la vez, rellenar con chorradas las tarjetas postales que habíamos comprado. El Molina y yo elegimos paisajes menos conocidos de la Ciudad de la Luz, lugares y espacios urbanos impregnados de carácter galo. Pero el Maldonado, por cierto granadino, escogió un buen lote de fotos con el mecano de Eiffel como protagonista principal de todas las vistas panorámicas.

Sorprendidos por el monoteímo metalúrgico de las cartulinas, fue y nos explicó: ‘Si mando postales como las vuestras, en las que no aparece la Torre de Eiffel ni de milagro, nadie creerá que la ciudad es París, por lo mismo, este menda no ha estado en la capital de Francia’. Al Maldonado le sobraba razón. ¿Qué cateto identificaría como parisina la iglesia de San Eustaquio, a no ser que la hubiera conocido ‘in situ’? ¿Y los jardines de Luxemburgo? París es la Torre da Eiffel, el nuevo paisaje parisiense desde el 31 de marzo de 1889, en que se inauguró.

Con la erección de la estructura petrolera en el ombligo del Campo de Marte el perfil clásico de la ciudad rejuveneció notablemente. Yo me pregunto qué habrían dicho los pintores, Corot, Courbet y Manet, cuyo lema artístico fue ‘la vida para el paisaje’, al toparse cada día con el monoferro de 333 metros de altura. Nos que damos con las ganas de saberlo, pues el que menos murió cinco años antes de su implantación.

Supongo que pensarían ‘Esto es el futuro y llega que ni pintado’. Así, los artistas posteriores dispusieron de un símbolo moderno para personificar a la capital del Sena, y lo pintaron hasta la saciedad, legitimando que París es la Torre de Eiffel. Es lógico, el futuro se construye creando paisajes novedosos que jubilen, arrinconen y oculten a los antiguos. Y es ley de progreso, porque si nos quedamos de ladrillos cruzados no adelantaremos absolutamente nada, seguiremos cazando musarañas ganivetianas. De ahí que, en Granada, se practicara y se practique la construcción de paisajes como futuro próspero, fecundo.

Con esa intención se edificaron el hotel Palace, su colega ‘el Reuma’, el Carmen Blanco y tantos otros acoplamientos neopaisajísticos que han propiciado vitalidad contemporánea o, para ser precisos, joven y larga tercera edad al conjunto histórico-monumental granadino, pues, al fin y al cabo, son implantes remozadores. Condición de la que participan los edificios de ‘El Rey Chico’, ‘La Chumbera’, Banco de Santander, polideportivo de la Cartuja y numerosas construcciones con naturaleza de paisajes rehabilitadores.

Hay que construir el futuro construyendo ‘tetra-briks’ faraónicos capaces de dignificar novedosamente el vetusto aspecto metropolitano de Granada. Tales como el de la hucha general de ahorros, del que debemos sentirnos orgullosos. Y, a partir de ahora, enviar postales con esos hitos para demostrar que, nuestra ciudad nada tiene que envidiar a Bilbao, Sevilla o Madrid en cuestión de arquitecturas triunfales.

FRANCISCO IZQUIERDO.

Publicado en el periódico Ideal.2001

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