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Hotel Reuma

Cultura del pegote

Al ser humano, especialmente al que tiene mando en plaza, le engolosina corregir, casi siempre a peor, cuanto le rodea, desde el cariz tradicional de su hábitat doméstico hasta el paisaje inveterado del lugar, en este supuesto si tal bien de interés ciudadano cae bajo su férula de poncio municipal. Es el afán de puesta al día o modernización del entorno común, el de siempre.

Un poner, perengano compra una casa antigua y, aun cuando sea habitable salvo algún acondicionamiento práctico, dotarla de cuarto de baño, calefacción u otros apaños confortables de paredes adentro, que no alteran la apariencia habitual del edificio, como lo deseado es mostrar signos exteriores de oropel, pues va y mete mano al talante visible del edificio y sustituye la cal de la fachada por baldosines sanitarios, las hojas de las ventanas por cierres de aluminio, el portalón de cuarterones por escudo férreo antirrobos y los geranios por manojos de plástico fluorescente.

Si el reformador detenta poder oficial y por lo tanto dispone de haberes públicos, entonces se atreve con todo lo que huela a viejo, aun cuando la denominación corresponda a veterano, y enmienda la plana al trazado de las calles, a la fisonomía de construcciones nobles, de conjuntos monumentales y de panoramas clásicos, todo un patrimonio histórico que hace atractiva a la ciudad y por el cual arriban los visitantes.

Sin embargo, prospera la estúpida tesis de actualizar o cerrar el quiosco y, para ello, lo mejor es la táctica del pegote, eliminar supuestos pegotes caducos y reemplazarlos por provocadores pegotes decadentes, mucho más negativos que los anteriores. Así se suplanta el ‘parche’ del olvidado ‘Rey Chico’, ventorrillo, club nocturno, tablao flamenco y ‘dancing’ durante generaciones, por el parche poroso del moderno ‘Rey Chico’, vejestorio de nación, esperpento de intención y humidificador que acabará secando el Darro. Es decir, se cubre un roto con un corcusido.

La rutina es añeja de muchos siglos. Ya la ejercieron don Carlos I, Quinto con iva; don Rafael Contreras, primer arquitecto conservador (?) de los Palacios Nasaríes; los promotores del hotel Palace y del carmen Rodríguez Acosta; el Banco de Santander; el Patronato de la Alhambra, con sinapismos recientes como la entrada y aparcamientos del Generalife, y tantos otros borrones clamorosos.

Es la cataplasma que no cesa y, por lo mismo, se avecina el derribo del hotel Reuma, postema que ocupó el solar de un emplasto precedente, «para condicionar la ladera de la Alhambra» abriendo un paseo bucólico en la ribera del Darro. La cuestión importante no se halla en la demolición de ‘La Maleta’, sino en el pretendido ‘acondicionamiento’ de la falda de la Asabica, donde, me temo, crecerán las farolas, las pérgolas, los asientos para la tercera edad, algún chiringuito de refrescos y posiblemente un espantoso monumento a los ‘tristes’ granadinos.

Al tiempo, seguro que el emplasto del hotel Reuma tendrá un pegote suplente avalado por la enjundia creativa del Ayuntamiento.

FRANCISCO IZQUIERDO

Publicado en el periódico Ideal.2001

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