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Acrílicos, bocetos y dibujos. Fundación Caja de Granada.
Granada, Almería, Cádiz y Motril. 1996.

EN EL RECUERDO

Da cierto repelús recordar la fecha en que conocí a Paco Izquierdo. Era el otoño de 1954, por esas fechas, Paco preparaba su primera exposición en la Sala Abril, trabajaba en obras como “Semáforos” para el Concurso Nacional de Pintura, lienzo propiedad del museo Reina Sofía de Madrid, colaboraba en la fundación de la editorial P. P. C. Y ya llevaba un par de años ilustrando y maquetando diferentes revistas y semanarios. Demostraba ya dominio del dibujo, un sentido envidiable del color y una gran intuición para organizar masas y volúmenes. A pesar de sus veintitantos años, mostraba una madurez artística que su trabajo profesional y su búsqueda e investigación constante han ido ampliando de una manera sorpresiva, incluso para quienes hemos tenido la suerte de seguir continuamente su obra. En varias ocasiones, he tenido que escribir y hablar sobre él y en la preparación de estas tareas, siempre he encontrado trabajos y campos nuevos en su pintura, sin hacer referencia alguna a otros aspectos de su personalidad y creación artísticas.

Su última gran exposición, Aproximación iconográfica a Manuel de Falla, me pareció, sin que el autor lo pretendiera, una antología de sus técnicas nuevas y viejas, unas aprendidas y otras creadas por él mismo y perfeccionadas a lo largo de una vida artística en ebullición artística Esta muestra granadina de 1996 fue, para mí, la mejor de todas sus exposiciones, la preparada con más dedicación, más sigilo y más acierto. Aquellos treinta y siete trabajos son una excelente antología de toda su obra En medio de una y otra fecha y, a pesar de tanta distancia, se extienden muchos años de ejercicio y trabajo constante, a pesar de su aparente galvana. Su profesión de toda la vida como director artístico de una editorial le ha dado oficio en el dibujo, grabado, pintura y composición. Paco tuvo mucho cuidado de que el oficio y la maestría profesional, ahondados cada día, no acartonaran su exigencia de creatividad. Por eso buscó tantos campos nuevos como el cartel, el cine, la fotografía, tantas técnicas diversas y necesitó entrar, con el acierto conocido, en el mundo de la creación literaria que le bullía con potencia.

Rafael de Haro

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