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“Villetes de Pascua”

A la hora de limpiar la casa de restos navideños, ya saben, escombros de ‘portal de Belén’, polvo de polvorones, ruidos de villancicos, etc., resulta que gran parte de las sobras la integran los ‘christmas card’ o postales de Navidad que, desde un mes atrás, hemos recibido abrumadoramente. Ante el mogollón de mensajes cargados de buenos deseos, uno no sabe qué hacer, si tirarlos a la basura o guardarlos en el fondo del arca.

Da cierto grima desprenderse de tantos afectos manuscritos, algunos sinceros. Servidor le tiene apego de índole bibliográfica, como coleccionista de papeles curiosos. Quizá porque las felicitaciones navideñas poseen vieja ascendencia hispana, aunque parezcan moderna invención anglosajona. En el siglo XVII circulaban casi con las mismas características actuales y se hacen tan comunes que, en el XVIII, surgen «manuales de misivas y villetes de pasquas», es decir, modelos de textos para redactar «conforme al uso que hoy se practica, las cortesías que se han de guardar en el principio, medio y fin de los villetes, y antes de la firma, y con qué personas».

En el titulado ‘Formulario y nuevo estilo de Cartas de Pasquas’, escrito por ‘Un Curioso de Murcia’ e impreso en Orihuela, año de 1716, se ofrecen prototipos de felicitaciones de Navidad para «los que, por falta de experiencia o estudio, no supiesen disponer y formar Cartas y Villetes según la política cortesana, con las circunstancias y requisitos que para cada persona se requiere, según su estado y dignidad.

Recojo algunos ejemplos. Para el fulano que desea felicitar al Rey: «Ya que la fortuna impide a mi ansiosa solicitud ponerse a los pies de Vuestra Magestad, en ocasión de estas Pasquas del Santo Nacimiento, deseo de buena ley que V.M. las logre felicísimas y multiplicadas en repetidos años». Para el tío que se halla en un apuro a un gran señor: «Es igual el deseo a la obligación de solicitar a Vuecencia felisísimas Pasquas con las prosperidades que corresponden a su grandeza, confiando ver yo mejorada mi fortuna, para que mi rendimiento logre el más dichoso empleo en el servicio de Vuescencia».

Para el pedigüeño: «De la fineza que reconozco a Vuestra Señoría, no dudo admitirá esta demostración de afecto en el anuncio de las Pasquas, que deseo a Vª Sª alegres, y yo me las prometería iguales si Vª Sª me favorece con su generosidad». Para el optimista: «Me aseguro unas Pasquas alborozadísimas, y así se las auguro a su Merced». Para el quisquilloso: «Molesto quedo con V.M. por la falta de anuncio en regocijadas conveniencias en el principio de Año y Reyes, que hogaño me las priva por motivo ocioso».

Como se advierte, las viejas felicitaciones de Navidad españolas sólo han cambiado de nombre: Villete de Pascuas por ‘christmas’ o postal navideña. Porque los mensajes son similares. Entonces, ¿qué hago? ¿Tiro a la basura las recibidas este año pasado? ¿Las conservo como reliquias de bisutería conmovedora?

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